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Reseña de Los colores de la montaña

Los colores de la montaña, nublados, oscuros, y aún cautivantes.

Calificación About.com 4 Calificación

De

Escena de Los colores de la montaña, de Carlos César Arbeláez.

Escena de Los colores de la montaña, de Carlos César Arbeláez.

Foto cortesía de: Film Movement.
Título: Los colores de la montaña
Rating MPAA: N/A
Año: 2010
Distribuida por: Film Movement
Director: Carlos César Arbeláez
Escritor: Carlos César Arbeláez
Protagonistas: Hernán Mauricio Ocampo, Nolberto Sánchez, Genaro Aristizábal, Hernán Méndez y Natalia Cuellar.

La trama

Manuel (Hernán Mauricio Ocampo) es un niño que vive en las praderas colombianas. Junto a sus amigos Julian (Nolberto Sánchez) y Poca Luz (Genaro Aristizábal) trata de vivir una vida normal en el campo: escuela, fútbol, ayudar en la casa. A pesar de la tensión que perciben por la preocupación de sus padres y la presencia militar, ellos no se privan de disfrutar el día a día en una Colombia que aún hoy vive esta cruda realidad.

Pero el lugar que habitan no es una simple pradera; ellos están en tierra de la guerrilla. O te unes a ellos o eres el enemigo. Ernesto (Hernán Méndez), padre de Manuel, vive asustado y trata de evitar a los guerrilleros que lo presionan diariamente para que colabore con ellos. Sin embargo, el orgullo y el machismo lo hacen desoír los pedidos de su esposa para que abandonen su casa antes de que los guerrilleros o los militares vengan a matarlos.

Y así, desde el punto de vista de Manuel, la historia avanza por el camino inevitable. Los riesgosos intentos por recuperar un balón de un campo minado, la amenaza constante de la guerrilla, los militares arrasando con los campesinos a quienes sólo ven como guerrilleros, la deserción escolar a pesar de los ideales de la maestra de turno (Natalia Cuellar), y la inocencia y cierta angustia de los niños que ya no disfrutan por completo, y algún día sabrán la verdad.

El creador

Carlos César Arbeláez, colombiano nacido en Antioquia, estudió cine en EICTV y ENERC —las reconocidas escuelas de cine de San Antonio de los Baños, Cuba y Buenos Aires, Argentina, respectivamente—. Fue becado y premiado en más de una oportunidad por el Ministerio de Cultura de Colombia y la Ciudad de Medellín.

Desde el año 1996 ha realizado cortometrajes de ficción y varios proyectos documentales para televisión. Los colores de la montaña es su primer largometraje de ficción, y es por ello que Arbeláez, más allá de su experiencia, ha podido calificar y ganar el premio Nuevos Directores del Festival de Cine de San Sebastián 2010.

Los colores

Los colores de la montaña funciona muy bien por diferentes motivos. Por un lado, Arbeláez aprovecha la frescura y naturalidad de los actores amateurs en conjunto con la solidez y experiencia de Hernán Méndez (La primera noche, La sangre y la lluvia) en el rol de Ernesto, personaje que lleva adelante la película a la par del niño Manuel.

La cinematografía de Oscar Jiménez aporta otro elemento importante muy bien logrado. A pesar de lo tentador que es explotar el maravilloso paisaje al máximo con colores nítidos y movimiento, la cámara se convierte en un testigo más con movimientos temerosos, sutiles, y con colores en su mayoría apagados, sin ocultar sin embargo la belleza de las praderas.

Por otro lado la decisión de contar la historia desde el punto de vista de Manuel y los niños es acertada y enriquece a la historia, que contada desde un punto de vista adulto hubiese tenido que caer posiblemente en más violencia y menos frescura. Y es la violencia latente la que tiñe de oscuro la emoción de los niños, que aunque constantemente la perciben, no dejan de intentar divertirse.

La realidad, en bajo presupuesto y alta calidad

Al conocer la dura realidad que aún hoy acecha a algunas zonas campesinas de Colombia, la película se encamina por momentos a un desenlace obvio. Casi adivinamos el destino de Ernesto, como terminará la maestra y si rescatarán al flamante balón, pero una fuerza atractivamente misteriosa hace que sigamos mirando, gozando y preocupándonos.

Por momentos el avance es lento, fuera de sincronía con la constante energía y movimiento de Manuel, y los fundidos a negro algo excesivos. Pero en general, el manejo de las emociones, cargadas pero tan contenidas como la violencia que queda fuera de cámara, hacen que el suspenso y la historia avancen con firmeza. El climax no estalla; sucede. Y es tan inevitable como la realidad misma.

En su ópera prima, Carlos César Arbeláez ha optado por contar una película de bajo presupuesto y gran calidad definida por su experiencia más allá de los largometrajes de ficción. Un gran paso para este director que tiene merecido el premio obtenido en San Sebastián. Serán varios los que estén atentos a la espera de sus nuevos colores, que ya sean brillantes u opacos, seguramente seguirán cautivando.

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