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10 razones para amar al nuevo cine latinoamericano (Parte II)

Una mirada al renovado cine latinoamericano de los años 2000.

De

Escena de la película ecuatoriana Qué tan lejos, de Tania Hermida.

Escena de la película ecuatoriana Qué tan lejos, de Tania Hermida.

Foto: Armando Salazar. Cortesía de Ecuador para Largo.
En la introducción de 10 razones para amar al nuevo cine latinoamericano (Parte I) he mencionado que el resurgido nuevo cine latinoamericano mantiene su escencia e identidad de los '60s —rebelde, con ideas propias— y los '80s —militante, denunciante—. En épocas democráticas han aparecido ventajas y libertades que no se negocian por nada del mundo, pero también enormes injusticias e ignorados. Es entonces que surge una generación de cineastas con el deseo de contar simples historias —profundas, divertidas, reflexivas—.

En la primera parte aparecen las primeras cuatro características distintivas de este nuevo cine: (1) Espíritu independiente; (2) Denuncia política y social; (3) Simpleza y profundidad; (4) La utilización de recursos. En esta segunda parte, las otras seis características para completar la lista.

5) Los talentos

Desde los actores veteranos como Ricardo Darín hasta los actores amateurs como Horacio Camandule, desde los grandes directores como Juan José Campanella hasta los nuevos directores como Julio Jorquera, los talentos latinoamericanos forman un gran abanico de posibilidades.

Notable es el caso de Luz silenciosa, película de Carlos Reygadas elegida en la convocatoria de Cinema Tropical para encontrar las diez mejores películas latinoamericanas de la década. Fue filmada con actores no profesionales de una comunidad menonita de México, y a pesar del desafío, Reygadas logró una joya con casi treinta premios en festivales del mundo.

6) El humor

Comedias, las hay de todo tipo en la región. De fórmula estereotipada, casi de culto, tenemos a las de el estilo de la dominicana Perico ripiao (2003, Ángel Muñíz), de diálogos rápidos e historias de enredos, en el rango de la argentina Un novio para mi mujer (2008, Juan Taratuto), y también las hay sensibles como la cubana La edad de la peseta (2006, Pavel Giroud).

Y no sólo en comedias encontramos humor; buscando nuevamente en la selección de Cinema Tropical —parte de 10 libros de cine para regalar— encontraremos películas como la mexicana Y tu mamá también y la uruguaya Whisky. Ambas tienen, a su manera, esa mezcla compleja de drama y comedia, difícil de categorizar en un sólo género. Es que el latinoamericano ha aprendido a reírse de sus problemas, por más oscuros que sean.

7) Una alternativa para aprender español

¿Quién dijo que las películas latinoamericanas sólo son vistas por quienes saben español, o caso contrario por quienes gustan del art house y se aguantan los subtítulos? Nuestras películas son también una gran oportunidad para aprender español de una manera alternativa. Primero, para escuchar conversaciones fluidas en diferentes dialectos, dependiendo del país. Segundo, para aprender diferentes acentos y vocabulario, dependiendo del origen y estrato social o cultural del personaje. Y por último, para descubrir ritos y costumbres de cada región.

Los autores del libro Cinema for Spanish Conversation sugieren un listado de películas del cine latinoamericano de los '90 en adelante, que proveen un contexto histórico y cultural, una variedad de temas, géneros y experiencias humanas, y la vida cotidiana en diferentes ambientes. Utilizando el libro como guía, los lectores-espectadores aprenderán sobre la revolución mexicana en Como agua para chocolate, la vida en la Cuba castrista según Guantanamera, y la vida de los chilenos bajo el régimen militar a través de Machuca. Por supuesto, el mismo caso aplica al portugués, o a dialectos indígenas.

8) Viajar a través de las películas

Justamente el libro mencionado en el punto anterior comenta la gran posibilidad que estas películas ofrecen para comprender la historia y la cultura de los diferentes países de Latinoamérica, y también para conocer pueblos y ciudades que no suelen aparecer en las guías turísticas populares. Se pueden conocer no sólo las ciudades que las películas representan, sino también las locaciones que se utilizaron para filmar.

Los colores de la montaña se rodó en los montes de Antioquia, Colombia, paisaje muy diferente al de su capital, Medellín. Historias extraordinarias en decenas de locaciones de la provincia de Buenos Aires, ninguna en la mira de los que visitan la gran metrópolis. La ecuatoriana Qué tan lejos (2006, Tania Hermida), ganadora del Zenith de Plata en Montreal, fue filmada en ocho provincias del Ecuador —Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Cañar, Azuay, Manabí y Guayas—.

9) Documentando ficción, o viceversa

Las brasileñas Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, Kátia Lund) y Bus 174 (José Padilha, Felipe Lacerda) se estrenaron en el año 2002; ambas estremecieron a la audiencia con crudeza, estilo y ritmo de cierta música afro-brasileña para saltar de la butaca. La primera, ficción basada en hechos reales. La segunda, documental con técnicas cinemáticas propias de la ficción.

La intersección entre realidad y ficción no es un tema que sólo le atañe al nuevo cine latinoamericano. La mezcla de ambos géneros se ha incrementado en los últimos veinte años del cine mundial. Pero el cine de nuestra región, tal vez por las injusticias o por la dura historia, parece llevarlo en su sangre. Como ha dicho Carlos César Arbeláez, "la realidad nos invade las películas".

10) La mirada diferente, siempre presente

Ser parte de los festivales internacionales ya no es sorpresa. Desde los independientes como SXSW o Tribeca, a los más prestigiosos como Berlín o Cannes, todos, a partir del florecimiento a mediados de los '90s, han contado con una permanente presencia de nuestra región.

Ya sea con maduros largometrajes, óperas primas, cortometrajes, o exhibiciones en secciones paralelas, directores de la talla de Lucrecia Martel y Carlos Reygadas, o novicios como Adrián Biniez (Gigante), Paula Markivitch (El premio) o los hermanos Daniel y Diego Vega (Octubre), los latinoamericanos no sólo han plantado bandera, sino que se han llevado importantes premios.

Es el orgullo de pertenecer a Latinoamérica, la necesidad de contarlo todo, de denunciar, de pedir justicia, no olvidar, o simplemente de comunicarlo con una nueva visión, querer un cambio, compartirlo, y por qué no, tal vez influenciar, ayudar a una simple alma solitaria. El cine latinoamericano se sigue renovando y revolucionando. Es la historia viva de Latinoamérica.

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